Uno de los grandes misterios de la historia de México es la caída de la civilización maya, una de las más avanzadas culturas prehispánicas y del mundo ocurrida siglos antes de la llegada de los europeos. No se sabe a ciencia cierta por qué abandonaron unidades habitacionales, plazas ceremoniales y pirámides que conformaron la arquitectura monumental de sus ciudades, que llegaron a reunir decenas o centenas de miles de personas.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!Desde hace años existe un debate sobre la causa del colapso, y diversos grupos de científicos sostienen que uno de los factores clave fue el climatológico, con las sequías extremas que ocasionaron crisis en la producción alimentaria, principalmente de maíz, pero un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances indica la gravedad de la falta de agua y, además, que esta no actuó sola, sino que se conjuntó con la inestabilidad política de las ciudades-Estado durante el Período Clásico Terminal, alrededor del año 800 al 1000 de nuestra era (d.n.e.), quizá como causa-consecuencia.
“Las sequías prolongadas podrían haber contribuido a la agitación sociopolítica y el despoblamiento de los centros culturales de las Tierras Bajas Mayas durante el Período Clásico Terminal”, señalan los científicos en el artículo (leer en: DOI 10.1126/sciadv.adw7661).
La investigación llevada a cabo por un equipo de científicos de México, Estados Unidos y Reino Unido, entre los que se encuentra Fernanda Lases Hernández, del Instituto de Geociencias de la UNAM, señala que las sequías extremas a lo largo de 44 años, durante los siglos VIII, IX y X, contribuyeron al colapso de esta civilización mesoamericana. De hecho, ese fue un período anómalamente seco durante los dos milenios anteriores.

“Las sequías prolongadas podrían haber contribuido a la agitación sociopolítica y el despoblamiento de los centros culturales de las Tierras Bajas Mayas durante el Período Clásico Terminal”
Estalagmita archivo paleoclimático
Los científicos analizaron una estalagmita —el depósito mineral que se forma a lo largo de cientos de años creciendo del suelo hacia arriba—, llamada Tzab06-1, de una cueva cercana a Chichén Itzá. “Las sequías datadas con precisión permiten análisis detallado de la cronología y la dinámica de las interacciones entre el ser humano y el clima a nivel regional”, indica el estudio.
Observaron que la cantidad de lluvias que recibió la región quedó registrada en dos formas de moléculas de oxígeno, una más ligera y otra más pesada (con menos o más neutrones), lo que se conoce como la composición isotópica del oxígeno, capturadas en los estratos de carbonatos de las estalagmitas.
Esta composición está directamente vinculada con la cantidad de agua y su origen; así los investigadores midieron hasta 12 valores de isótopos de oxígeno en el crecimiento de la estalagmita, lo que permitió reconstruir la variabilidad de la lluvia a un detalle sin precedentes no solo anual sino subanual, a nivel metereológico, es decir, a lo largo de los ciclos hidrológicos.
“Generamos un registro climático de altísima resolución temporal, sin precedentes para esta zona, que abre nuevas posibilidades para comprender con detalle los patrones de precipitación del pasado y su relación con los cambios climáticos y ambientales que enfrentaron las sociedades de la región”, señala Fernanda Lases Hernández.
Desde hace más de una década, la investigadora de la UNAM ha tratado de comprender cómo es que los isótopos estables y otros indicadores geoquímicos están relacionados con las variables climáticas y ambientales en los cenotes de la península de Yucatán.
Este conocimiento fue fundamental para analizar la estalagmita y los isótopos de oxígeno de sus láminas de carbonato, que funcionan como archivos históricos paleoclimáticos. Con este estudio, junto con la comparación de los registros arqueológicos de sitios como Chichén Itzá y Uxmal, el equipo de científicos encontró que la inestabilidad sociopolítica asoló las Tierras Bajas Mayas a medida que la gente abandonaba sus centros poblacionales, lo que coincidió con las sequías recurrentes y extremas que duraron de 1 a 10 años.

Crisis hídrica y sociopolítica
La civilización maya se divide en cuatro períodos principales: el Preclásico (2000 a.n.e. – 250 d.n.e.); el Clásico (250 d.n.e. – 800 d.n.e.), caracterizado por la construcción de arquitectura monumental, el crecimiento de grandes ciudades-Estado y el desarrollo intelectual y científico; el Clásico Terminal (800 d.n.e. – 1000 d. n.e.); y el Postclásico (1000 d.n.e. – 1539 d.n.e.). Se estima que durante el siglo IX se produjo un importante colapso político en la región central maya, en el que sus grandes ciudades de piedra caliza fueron abandonadas y las dinastías llegaron a su fin.
De acuerdo con los resultados de la investigación, el noroeste de la península de Yucatán experimentó sequías extremas en los últimos 200 años del Período Clásico Terminal. De hecho, en al menos 44 años —casi una cuarta parte de los dos siglos—, hubo sequías en períodos de entre 1 y 13 años de forma episódica, incluyendo 8 sequías extremas en estaciones húmedas que duraron más de 3 años cada una.
El impacto de las sequías fue tremendo, difíciles de enfrentar aún en la época actual, por ejemplo, ocurrió una sequía extrema que comenzó en el año 894 d.n.e. y duró cuatro años consecutivos, interrumpida por un solo año húmedo, seguido de otros 5 años de sequía en la estación húmeda. A ese intervalo, le siguió la sequía extrema más larga identificada, que duró 13 años consecutivos, de 929 a 942 d.n.e., y que fue más larga que cualquier sequía multianual registrada.
“Después del auge del Clásico Tardío (600–800 d.n.e.), las ciudades mayas alcanzaron una notable complejidad política y demográfica. El poder se fragmentó en múltiples ciudades-Estado, cada una gobernada por dinastías que competían por recursos, rutas comerciales, tributos y prestigio”, afirma Lases Hernández.
En este contexto, dice la también académica de la Facultad de Química de la UNAM, las sequías representaron un desafío crítico: cuando las élites gobernantes no lograban predecir con certeza la disponibilidad de lluvia, su autoridad política se vio debilitada. La seguridad alimentaria dependía directamente de la regularidad de las precipitaciones, por lo que la incertidumbre climática minaba la legitimidad de los líderes.
“Como resultado, distintas ciudades mostraron grados variables de resiliencia frente a estos cambios significativos en la disponibilidad de agua y, por ende, en la producción de alimentos”, explica Lases Hernández. “Algunas, como Chichén Itzá, lograron adaptarse mediante estrategias de almacenamiento y gestión del agua, pero también debido a una estrategia económica basada en el comercio de maíz por recursos más duraderos provenientes del centro de México. Mientras que otras, como Uxmal, no pudieron sostenerse frente a las presiones climáticas y sociales, entrando en crisis o siendo finalmente abandonadas”.
“Después del auge del Clásico Tardío (600–800 d.n.e.), las ciudades mayas alcanzaron una notable complejidad política y demográfica. El poder se fragmentó en múltiples ciudades-Estado, cada una gobernada por dinastías que competían por recursos, rutas comerciales, tributos y prestigio”: Lases Hernández.

Transformación o colapso
Si bien el pueblo maya sobrevivió a este período, su poder político y económico se vio mermado y desaparecieron sus grandes ciudades. Los resultados de la investigación demuestran que no todos los centros culturales mayas fueron uniformemente susceptibles a las sequías extremas, hubo diferencias entre asentamientos humanos para enfrentar y gestionar el agua disponible, por ejemplo, Chichén Itzá, tenía técnicas de conservación del agua que le permitían mitigar las pérdidas de cosechas, lo que posibilitó la recuperación de algunas de sus poblaciones, pero la frecuente alternancia de períodos húmedos y secos redujo la previsibilidad estacional e impidió el restablecimiento de sistemas políticos menos centralizados y resilientes en otras zonas.
Lases Hernández comenta que desde la década de 1980 los estudios basados en sedimentos lacustres ya indicaban la existencia de varios períodos de sequías prolongadas en la región, y que un análisis realizado en una estalagmita en otra cueva en la península mostró que durante el Período Preclásico Maya (1037 a.n.e.– 397 a.n.e.) ocurrieron sequías de gran intensidad, incluso más severas que las registradas en el Período Clásico Terminal. Estas sequías coinciden con el abandono de importantes centros mayas preclásicos, como Nakbé y El Mirador, lo que sugiere una relación estrecha entre el colapso de estas ciudades y la variabilidad climática.
“La gran innovación de nuestro estudio radica en que pudimos determinar la variabilidad de la lluvia a una escala subanual, lo que permite avanzar no solo en la comprensión más fina del clima durante el abandono de los centros mayas del Clásico Terminal, sino también en el potencial de las estalagmitas como archivos climáticos de resolución casi meteorológica”, afirma Lases Hernández.
Análisis con este nivel de detalle muestran que incluso sequías no tan severas en la región pudieron exacerbar las crisis políticas y sociales, poniendo a prueba la resiliencia de las distintas ciudades mayas y contribuyendo a su transformación o a su colapso.


