Luego de que el pasado 11 de agosto el presidente ruso Vladimir V. Putin anunciara con bombo y platillo que cientĂficos rusos habĂan obtenido âla primera vacuna del mundo contra la COVID-19â âlo que se presumiĂł como un âmomento Sputnikâ, por el primer satĂ©lite artificial de 1957â, tuvo que esperar un mes para convertirse en apenas una simple aspiraciĂłn a potencial vacuna.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!Tras las crĂticas de cientĂficos de todo el mundo, el 4 de septiembre fueron revelados los primeros resultados cientĂficos de la vacuna Sputnik V en la revista The Lancet âuna de las mĂĄs importantes del campo biomĂ©dicoâ, obtenidos entre un grupo muy reducido de personas.
âEntre el 18 de junio y el 3 de agosto de 2020, inscribimos a 76 participantes en los dos estudios (38 en cada uno)â, señala el artĂculo cientĂfico. Es decir, apenas una semana antes del anuncio anticipado de Putin, los investigadores rusos habĂan terminado de seleccionar a las personas que serĂan sometidas a los ensayos clĂnicos Fase 1 y 2.
Sin embargo, antes de tener resultados de las pruebas clĂnicas las embajadas rusas y la empresa estatal Fondo Ruso de InversiĂłn Directa ya estaban ofreciendo y comercializando su âvacunaâ a gobiernos de paĂses del tercer mundo como MĂ©xico, queriendo asegurar un lugar en lo que serĂĄ un disputado mercado de vacunas contra la COVID-19.

Y han encontrado eco en gobiernos incautos: antes de que se conocieran los resultados de los experimentos cientĂficos y previo a que el propio Ministerio de Salud de la FederaciĂłn Rusa aprobara el ensayo de Fase 3, el canciller Marcelo Ebrard anunciĂł, el pasado 20 de agosto, que una parte de los ensayos clĂnicos de la Sputnik V se realizarĂan en MĂ©xico, con 2 mil participantes.
En el artĂculo de The Lancet del viernes pasado se indica que el ComitĂ© de Ătica del Ministerio de Salud de Rusia otorgĂł el permiso para iniciar el ensayo de Fase 3, entre 40 mil personas, el 26 de agosto.
El artĂculo titulado âSeguridad e inmunogenicidad de una vacuna COVID-19 primer-impulso heterĂłloga basada en vectores rAd26 y rAd5 en dos formulaciones: dos estudios abiertos, no aleatorizados de fase 1-2 de Rusiaâ estĂĄ firmado por seis cientĂficos rusos encabezados por Denis Y. Lugonov, del Centro Nacional de InvestigaciĂłn en EpidemiologĂa y MicrobiologĂa N. F. Gamaleya, de MoscĂș.
el ComitĂ© de Ătica del Ministerio de Salud de Rusia otorgĂł el permiso para iniciar el ensayo de Fase 3, entre 40 mil personas, el 26 de agosto. Seis dĂas antes, el canciller marcelo ebrard anunciĂł que una parte de estos ensayos se realizarĂan en mĂ©xico.
En un solo ensayo abordaron las fases 1 y 2, pero lo hicieron con un grupo muy pequeño: dos conjuntos de 38 personas cada uno, con adultos sanos (hombres y mujeres) de entre 18 y 60 años.
En contraste, la potencial vacuna que desarrolla la Universidad de Oxford se probĂł en ensayos clĂnicos de Fase 1 y 2 en 2 mil personas; el Instituto de BiotecnologĂa de PekĂn y la empresa CanSino Biological, llevaron a cabo sus ensayos de Fase 2 con 500 participantes; y la empresa Moderna, junto con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, probĂł la Fase 2 de su vacuna en 600 voluntarios.
Los cientĂficos rusos observaron queque en el 100% de los casos la vacuna producĂa anticuerpos contra el coronavirus en los 76 participantes, mientras que solo causaba efectos secundarios leves.
Sin embargo, la investigaciĂłn aĂșn no ha demostrado si las personas que estĂĄn vacunadas tienen menos probabilidades de infectarse que las que no lo estĂĄn. Esto se determina en ensayos clĂnicos de Fase 3 con decenas de miles de voluntarios.
AsĂ actĂșa la vacuna rusa
Los investigadores rusos aislaron el gen del SARS-CoV-2 que produce la glicoproteĂna espiga âSâ, que forma las protuberancias que parecen espinas o espigas âque vistas al microscopio le dan la apariencia de coronaâ y que utiliza el virus para invadir las cĂ©lulas humanas. La reprodujeron de manera artificial en el laboratorio.
Luego, tomaron dos adenovirus que ocasionan la gripe comĂșn llamados rAd26-S y rAd5-S, y los utilizaron como vehĂculo para transportar esa proteĂna al interior de las cĂ©lulas humanas. Este enfoque ya lo habĂan empleado en una vacuna experimental contra el Ăbola y es el mismo que usan la Universidad de Oxford y las empresas CanSino y Johnson & Johnson.
La idea es utilizar estos adenovirus como transportadores o vectores del gen que produce la glicoproteĂna S espiga hasta el interior de las cĂ©lulas humanas. Una vez que el adenovirus es inyectado en las cĂ©lulas musculares, no hace copias de sĂ mismo ni causa enfermedades, solo introduce el gen de la proteĂna S en las cĂ©lulas humanas y estas comienzan a reproducir la proteĂna.
La dosis de la vacuna incluye mil 11 partĂculas adenovirales que fueron administrados por dos inyecciones intramusculares en el hombro. Estos adenovirus recombinantes invadieron las cĂ©lulas de los 76 participantes civiles y militares de los ensayos clĂnicos.
Todas las vacunas tienen como objetivo exponer al cuerpo humano a ciertos componentes del virus (antĂgenos) que no causan la enfermedad, pero generan una respuesta del sistema inmunitario del organismo que lo reconoce y produce anticuerpos contra Ă©l. De esta manera, cuando el organismo humano se expone al virus real, las cĂ©lulas inmunitarias de la persona vacunada estĂĄn preparadas para combatirlo y prevenir la enfermedad.
La proteina S del coronavirus introducida por los adenovirus es extraña al organismo humano, por ello generó una respuesta inmune en las personas que participaron en los ensayos.
Los voluntarios produjeron anticuerpos que bloquearon la replicaciĂłn del virus en las cĂ©lulas e impidieron el avance de la enfermedad. âDemostramos que los voluntarios que recibieron la vacuna heterĂłloga rAd26 y rAd5 obtuvieron el mismo nivel de anticuerpos neutralizantes del SARS-CoV-2 que las personas que se han recuperado de la COVID-19â, señalan los cientĂficos.
Las reacciones secundarias mĂĄs frecuentes fueron dolor en el lugar de la inyecciĂłn, fiebre, dolor de cabeza, cansancio, dolor muscular y articular, que son tĂpicos de las vacunas basadas en vectores virales recombinantes. No se informaron efectos adversos graves.
Sin embargo, no estĂĄ claro que la vacuna pueda evitar la infecciĂłn del virus real; para ello son necesarios los ensayos masivos de Fase 3.

Faltan pruebas masivas
En un artĂculo publicado en el mismo nĂșmero de la revista The Lancet realizado por Noar Bar-Zevv y Tom Inglesby, del Centro Internacional de Acceso a Vacunas y del Centro de Seguridad Sanitaria de la Escuela de Salud PĂșblica Johns Hopkins, destacan que el ensayo estableciĂł neutralizaciĂłn completa en los participantes.
Asimismo, indujo amplias respuestas inmunes con una ponderada producción de células T colaboradoras, que son importantes para la seguridad de la vacuna, reduciendo potencialmente el riesgo de enfermedad.
Sin embargo, señalan algunas limitaciones notables del ensayo ruso: en primer lugar, la poblaciĂłn que se incluyĂł en el ensayo es personal militar joven. Es probable que los soldados estĂ©n mĂĄs en forma y mĂĄs sanos que la poblaciĂłn en general. En segundo lugar, en los ensayos no se incluyeron grupos de adultos mayores ni vulnerables, en quienes la vacuna podrĂa ser menos efectiva.
Los investigadores hacen hincapiĂ© en la necesidad de realizar pruebas masivas de Fase 3 que contemplen grupos de control y placebo, que aĂșn no se llevan a cabo con la Sputnik V. âLos resultados de seguridad hasta ahora son tranquilizadores, pero los estudios hasta la fecha son demasiado pequeños para abordar eventos adversos graves menos comunes o rarosâ, indica Noar Bar-Zevv.
Una limitaciĂłn es que en los ensayos no se incluyeron grupos de adultos mayores ni vulnerables, en quienes la vacuna podrĂa ser menos efectiva.
De hecho, los propios desarrolladores de la vacuna afirman en The Lancet que âse necesitan mĂĄs investigaciones para evaluar la vacuna en diferentes poblaciones, incluidos grupos de mayor edad, personas con afecciones mĂ©dicas subyacentes y personas en grupos de riesgoâ.
A diferencia de los ensayos clĂnicos de terapias, en los que la seguridad se equilibra con el beneficio en los pacientes, los ensayos de vacunas deben equilibrar la seguridad con el riesgo de infecciĂłn, no con el resultado de la enfermedad.
La mayorĂa de las vacunas se diseñan para atacar la enfermedad y no la infecciĂłn como tal, pero con la COVID-19 el pĂșblico podrĂa esperar reducciones sorprendentes en la transmisiĂłn de la enfermedad despuĂ©s de la introducciĂłn generalizada de la vacuna.
âTales efectos serĂan muy bienvenidos si ocurren, pero estĂĄn lejos de ser segurosâ, sostiene Noar Bar-Zevv. âUna vacuna que reduce la enfermedad, pero no previene la infecciĂłn podrĂa, paradĂłjicamente, empeorar las cosasâ.
Todas las candidatas a vacunas deben demostrar seguridad y una eficacia clĂnica duradera, incluso en grupos de mayor riesgo; para ello se tienen que hacer grandes ensayos aleatorios antes de que se puedan utilizar en la poblaciĂłn general y esta es la fase que todavĂa le falta a la Sputnik V.
De acuerdo con El Panorama de las candidatas a vacunas contra COVID-19 de la OrganizaciĂłn Mundial de la Salud del 3 de septiembre, esta vacuna rusa se suma a otras siete que se encuentran en esta etapa de experimentaciĂłn clĂnica de Fase 3, entre ellas, cuatro chinas, una inglesa, una estadounidense y otra alemana-estadounidense. Hay otras 14 que estĂĄn en pruebas con humanos Fase 2; y 12 mĂĄs, en ensayos clĂnicos Fase 1.
Independientemente de este artĂculo cientĂfico, todavĂa no es posible hablar de una vacuna rusa y, por lo tanto, todavĂa no deberĂa comercializarse, ya que la etapa de experimentaciĂłn masiva de Fase 3 puede tomar varios meses para producir resultados claros. Ya hay otras siete vacunas mĂĄs avanzadas por lo que lo mĂĄs probable es que el âmomento Sputnikâ nunca ocurrirĂĄ.

