Luego de cursar Arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Berenice Solis Castillo continuó con su formación académica al estudiar la maestría y el doctorado en Geología en una de las mejores instituciones en este campo en América Latina: el Instituto de Geología de la UNAM, donde realizó investigaciones paleoambientales de suelos.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!Al terminar sus estudios, gracias al programa de “Cátedras Conacyt” (hoy llamado “Investigadoras e Investigadores por México”, IIxM), pudo incorporarse al Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental en la ENES Morelia de la UNAM. IIxM es una iniciativa establecida en 2014 para contratar a científicas y científicos mexicanos menores de 40 años, así como repatriarlos del extranjero, e incorporarlos a centros de investigación y universidades públicas.
La formación de Solis Castillo le permitió llevar a cabo estudios que combinan el impacto natural y el cultural de las tierra bajas mayas, que proporcionaron una nueva aproximación para entender el llamado “Colapso Maya”, periodo en el que las grandes ciudades mayas del Clásico mesoamericano fueron abandonadas debido a profundos cambios climáticos.
Luego de algunos años de continuar sus investigaciones en condiciones de precariedad laboral, su trayectoria como investigadora coincidió con la formación de una familia, como ocurre con la mayoría de científicas en México y el resto del mundo.
Tuvo un embarazo de alto riesgo y durante el periodo de una de las evaluaciones a las que son sometidas las integrantes de IIxM, su expediente no fue localizado en el sistema del otrora Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), hoy Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti); a causa de eso, al séptimo mes de embarazo y a días de recibir su permiso laboral por maternidad fue despedida.
las mujeres del programa “investigadoras por méxico” enfrentan condiciones de precariedad e inestabilidad laboral que se suman a todos los problemas ancestrales de acoso, discriminación y prejuicios a las que se enfrentan las mujeres.
Esfuerzos y solicitudes, tanto de ella como de científicos y autoridades del Centro en donde laboraba fueron inútiles. Aunque las y los científicos de IIxM trabajaban en universidades y centros públicos de investigación de todo el país, la institución empleadora de todos los integrantes del programa es la Secihti.
Ella, al igual que otras 51 personas investigadoras de IIxM, desde hace 6 años mantienen litigios en contra de la Secihti/Conahcyt por despido injustificado. Diez de ellos ya han sido ganados por las y los investigadores.
Lo paradójico es que meses después de su despido, todas las investigadoras de IIxM, por ser trabajadoras de la Secihti, recibieron un correo electrónico, de parte de la secretaria de ciencia, la Dra. Rosaura Ruiz Gutiérrez, con una felicitación por el Día de las Madres.
Estos casos no son únicos. Más de la mitad de las más de 1,300 personas investigadoras que han pertenecido al programa IIxM son mujeres y tienen que enfrentar condiciones de precariedad e inestabilidad laboral que se suman a todos los problemas ancestrales de acoso, discriminación y prejuicios a las que se enfrentan las mujeres.
Una encuesta realizada en 2024 por el Sindicato de Cátedras Conacyt (Siintracatedras) –conformado por científicas y científicos de IIxM–, llevada a cabo entre 546 investigadores (246 de sexo femenino) que respondieron el cuestionario, indica que el 60 % de las mujeres ha sufrido algún tipo de acoso o conflicto laboral; y el 90.1 % algún tipo de acoso o violencia sexual por parte de sus colegas académicos de la institución, donde llevan a cabo sus actividades de investigación (consultar en: https://www.sindicatocatedrasconacyt.com).

el 60 % de las mujeres del programa “investigadoras por méxico” ha sufrido algún tipo de acoso o conflicto laboral; y el 90.1 % algún tipo de acoso o violencia sexual por parte de sus colegas académicos de la institución, donde llevan a cabo sus actividades de investigación.
Maternidad desestimada
Estos no son los únicos casos de agresiones contra mujeres entre la comunidad científica mexicana que han sido documentados. Las adversidades que enfrentan son generalizadas, pero los mayores desafíos que encaran las integrantes de IIxM y la mayoría de las científicas jóvenes es la precariedad laboral, falta de empleo y la falta de apoyos para compaginar adecuadamente la maternidad con la carrera científica.
“Nos enfrentamos con la realidad de que no hay espacios para nosotras, porque hay una crisis laboral para las y los que quieren hacer investigación en México”, menciona Beatriz Díaz Bravo, investigadora IIxM en el Instituto de Geología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. “Las mujeres tenemos las responsabilidades de maternidad y de cuidado de otras personas, de la familia, que nos impiden avanzar en nuestras carreras científicas”.
Cuando las mujeres mexicanas deciden formarse y trabajar como investigadoras no cuentan con las mismas oportunidades que los varones para acceder, formarse y permanecer en una carrera científica, pero, además, padecen toda una compleja red de prejuicios, discriminación y acosos que se multiplican y en las que intervienen factores sociales, biológicos, culturales, psicológicos, económicos, educativos, políticos, académicos e institucionales. Y esto ocurre desde su formación como investigadoras, principalmente en los campos STEM (siglas en inglés, de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), lo que amplía aún más las inequidades y la brecha de género en la ciencia.
Todo el tema de “maternar” o “paternar” es un asunto importante para cualquier persona mientras te formas como investigadora o inicias tu carrera científica, que abarca entre los 20 y los 40 años, comenta Malena Tejeda Yeomans, física cuántica de la Universidad de Colima. “Cualquiera que sea la decisión que se tome, al final del día, va a afectar diferencialmente mucho más a las mujeres que a los hombres, ese es un hecho”.
Afirma que para que la ciencia avance en un país, invariablemente ese avance está asociado al bienestar de sus investigadores. “Tu no puedes tener una científica en el máximo nivel de productividad y creatividad, preocupada por si conseguirá una guardería para sus hijas o hijos, o un lugar para el resguardo de los adultos mayores bajo su cuidado. No puedes ser productiva con la zozobra”.
Mientras que en otros países las mujeres al formarse como científicas reciben apoyos adicionales, en México aún se ven obligadas a interrumpir su formación. Aquí la maternidad prácticamente no está considerada en las estructuras académicas ni en los reglamentos administrativos de la ciencia.
Ante esta disyuntiva, muchas mujeres retrasan su decisión de tener hijos. De hecho, durante su formación como investigadoras, es decir, durante sus estudios de posgrado, de acuerdo con el Artículo 17 fracción II del Reglamento de Becas de la Secihti, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 4 de marzo de 2025, se establece que una de las principales causales de suspensión y cancelación de la beca se encuentra como caso fortuito o de fuerza mayor el “embarazo, parto, puerperio o labores de cuidado”.
“Yo decidí ser mamá hasta que tuve un trabajo relativamente estable; esperé muchos años y fui mamá hasta los 40 años”, dice Lislie Solis Montero, especialista en artrópodos polinizadores, integrante de IIxM, quien labora en el Colegio de la Frontera Sur, en Tapachula. “Es un problema que se enfrenta desde que eres estudiante de posgrado y que se mantiene como investigadora; las licencias de maternidad de tres meses son insuficientes para que las investigadoras combinen la maternidad y la crianza de hijas e hijos con su carrera científica”.
En una estancia sabática en la Universidad de Uppsala, en Suecia, Solis Montero, observó que en el país europeo tanto las investigadoras como las estudiantes de posgrado tienen licencias de maternidad por un año y que las científicas pueden optar a medios tiempos laborales durante la crianza. “Estas medidas son posibles en México y podrían beneficiar la salud mental y física de las investigadoras que deciden combinar su carrera científica con la maternidad”.
Para ella, las mujeres científicas no tendrían que enfrentarse a la disyuntiva entre dejar o posponer una a cambio de la otra, pues con los apoyos adecuados podrían combinarse.
En el marco la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, Beatriz Díaz Bravo, especialista en la evolución del manto terrestre dice que desde la Secihti hay un doble discurso: por un lado se dice que se prioriza la integración de las mujeres pero, por otro, se mantienen las mismas exigencias que se piden a los colegas varones. “No se diseñan políticas institucionales que permitan a las investigadoras combinar de forma paralela la maternidad con sus investigaciones”.
En México la maternidad prácticamente no está considerada en las estructuras académicas ni en los reglamentos administrativos de la ciencia. Ante esta realidad, muchas mujeres retrasan su decisión de tener hijos.

Violencia académica
Una investigación publicada en 2025 en la revista “Estudios Sociológicos” de El Colegio de México, señala que en el ámbito académico la violencia contra las mujeres adopta múltiples formas, desde comentarios misóginos y acoso sexual hasta persistentes exclusiones en los procesos de producción del conocimiento.
“Sin embargo, a pesar de su relevancia, que estas experiencias se reconozcan como actos de violencia y a las personas afectadas como víctimas sigue siendo un desafío conceptual y práctico”, indica el estudio llevada a cabo por Carolina Espinosa Luna, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, de la UNAM, y Consuelo Corradi de la Universidad LUMSA, Italia. “Existe una dimensión poco explorada entre la diferencia de reconocer haber sufrido violencia académica y asumirse como víctima de ella”. (Leer en: https://doi.org/10.24201/es.2025v43.e2756).
A partir de más de cien entrevistas con mujeres científicas de México y América Latina, la investigación titulada Mediaciones entre la violencia académica contra mujeres y su autopercepción como víctimas observó que, aunque todas reconocieron haber vivido algún episodio de este tipo, no todas se identificaron como víctimas y que en esta autopercepción influyen la validación externa, las dinámicas de poder institucional y las redes de apoyo.
La violencia académica adopta diversas formas entre ellas el acoso sexual, la intimidación y la discriminación. Esto se suma al abuso de autoridad, la tolerancia del maltrato en espacios académicos y la falta de apoyo institucional, que convergen para generar daños graves en el bienestar de las académicas.
Este fenómeno, afirma el estudio, está profundamente enraizado en las instituciones de investigación y educación superior en América Latina y tiene impactos significativos en el bienestar emocional, físico, académico y profesional de quienes lo padecen.
“Hay varias formas de violencia en distinto grado que sufren las mujeres y muchos grupos minoritarios que no son reconocidas por las instituciones”, afirma Ángela Camargo Sanabria, de la Facultad de Zootecnia y Ecología de la Universidad Autónoma de Chihuahua. “Las mismas mujeres podemos haber sufrido esas microviolencias o micromachismos y no somos conscientes, porque no estamos informadas al respecto y entonces tendemos a minimizar estas acciones, tendemos a compartimentalizarlas”.
De acuerdo con la experta en estudios sobre defaunación, esto hace que muchas mujeres estimen que tomar acciones se consideren una distracción, una pérdida de tiempo o una exageración. “Entonces eso hace que no reconozcamos cuando otras mujeres están pasando por esa misma situación y no somos lo suficientemente empáticas”.

La violencia académica adopta diversas formas entre ellas el acoso sexual, la intimidación y la discriminación. Esta tiene impactos significativos en el bienestar emocional, físico, académico y profesional de quienes la padecen.
Problema planetario
En el siglo XX la incorporación paulatina de mujeres en la educación superior creció de manera significativa en el país. De acuerdo con el Sistema Integrado de Información de la Educación Superior, de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se pasó del 12 % de mujeres en 1950, al 53 % en 2023 (con 4 millones 890 mil 145 personas inscritas). Prácticamente se alcanzó la paridad de género en la educación superior.
Pero esto no aplica de la misma manera para todas las carreras. En los campos STEM todavía la presencia de las mujeres está rezagada. De acuerdo con el Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa, en 2023 la proporción de mujeres en ingenierías fue de 38 % frente a 62 % de hombres (https://www.ipade.mx/newsmedia/factor-humano-es/estudio-de-impacto-mujeres-eligiendo-carreras-stem/).
Este problema no es exclusivo de México: el Instituto de Estadística de la UNESCO indica que entre 2018 y 2023, las mujeres representaron solo el 35 % de todos los graduados en STEM en el planeta. Señala que la transformación digital está liderada por hombres, ya que las mujeres constituyen solo el 26 % de los empleados en datos e inteligencia artificial; el 15 % en ingeniería; y el 12 % en computación en la nube. También resalta que solo el 17 % de las solicitudes de patentes fueron presentadas por mujeres a nivel mundial.
En el informe Descifrar el código: La educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), de la UNESCO (leer en: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000366649), se establece que no solo la participación femenina en la educación y el empleo STEM es baja, sino que la tasa de deserción es especialmente alta. “Las mujeres abandonan las disciplinas STEM en forma desproporcionada durante sus estudios, durante la transición al mundo del trabajo e incluso durante su trayectoria profesional”.
En México, en el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), que reúne a las personas dedicadas de tiempo completo a las actividades científicas en el país, las mujeres representaron solo el 34 % del total de esta comunidad en 2021 y esta cifra se incrementó hasta llegar al 41.1 % en 2024.
Logró pasar de 11 mil 960 mujeres científicas en 2021, a 18 mil 464 en 2024, lo que representa 1.4 científicas por cada 100 mil habitantes, número totalmente insuficiente para un país de su nivel de desarrollo, con más de 130 millones de habitantes y ubicado como la decimoquinta economía del planeta.
En este y muchos otros indicadores científicos y tecnológicos internacionales nuestro país ha ido perdiendo año con año competitividad, lo que compromete su capacidad para enfrentar sus principales problemas de desarrollo. El retroceso ha sido constante.
Entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ocupa el último o los últimos lugares y entre los países de Iberoamérica, en cuanto a la proporción de científicas se situaba en el lugar 20 de 22 países de Iberoamérica, de acuerdo con el ranking de la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología de 2024 (ver Tabla 1).

La presencia de las mujeres investigadoras en el SNII, (de acuerdo con cifras de 2024) demuestran la poca participación en áreas STEM: en ingenierías y desarrollo tecnológico es de solo 21.7 %; en físico-matemáticas y ciencias de la tierra es del 24 %; en ciencias agropecuarias, agrícolas, forestales y ecosistemas del 38.2 %; ciencias sociales, 44.9 %; biología y química, 46.4 %; medicina y ciencias de la salud, 49.4 %; humanidades, 49.9 %; y en ciencias de la conducta y educación, 59.1 %.
Asimismo, en el SNII hay 5 niveles, de menor a mayor son: Candidatos, Nivel I, Nivel II, Nivel III y Eméritos. En 2024 las mujeres se concentraron en los dos niveles más bajos: en Candidatas había 5 mil 398; y en el Nivel I, 9 mil 644, lo que representa el 81.4 %. Mientras que en el Nivel II había 2 mil 473, y en Nivel III y Eméritas, solo 949, es decir, únicamente el 18.6% de mujeres se encuentran en los máximos escalafones.
En México, en el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), las mujeres representaron solo el 34 % del total de esta comunidad en 2021 y esta cifra se incrementó hasta llegar al 41.1 % en 2024.

Mentoras en la ciencia
Como parte de su iniciativa regional “Mujeres y Niñas en STEM en América Latina”, en 2021 el British Council de la Embajada del Reino Unido en México, trajo el programa “Mentoras en la Ciencia”, que busca incorporar a más mujeres en el ecosistema científico y tecnológico.
En su primera fase capacitó de manera individual como “mentoras” a científicas que pertenecen al SNII. Se les brindaron herramientas para guiar y acompañar a jóvenes estudiantes durante su formación en los posgrados STEM. Esta capacitación está orientada a impulsar el desarrollo de habilidades y actitudes para desarrollar herramientas que sirvan para orientar a las jóvenes en su desarrollo personal, inteligencia emocional, hábitos y liderazgo, pero también sobre concientización en torno a los problemas de género que enfrentan.
“Durante 6 meses se les sensibiliza en torno a la problemática de la brecha de género, temas como el síndrome de la impostora, sesgos inconscientes y una caja de herramientas con metodologías para el acompañamiento en el cumplimiento de objetivos, o temas prácticos, como el manejo de tiempo, entre otros”, comenta Mónica Angulo Miñarro, Gerente de Proyectos de Educación del British Council y Coordinadora de los programas de Mujeres y Niñas en STEM.
En la segunda etapa, a las mentoras capacitadas se les orientó y apoyó para impulsar y replicar este programa de mentorías en sus propias instituciones a las que están adscritas. Actualmente, se ha establecido y adaptado en 25 Instituciones de Educación Superior y Centros de Investigación.
Hasta la fecha, se han formado más de 180 mujeres “mentoras” en todo el país, lo que ha beneficiado a poco más de 540 jóvenes estudiantes en áreas STEM procedentes de instituciones de educación superior públicas. A cada mentora se le asigna, en promedio, tres estudiantes con el fin de apoyarlas y guiarlas en el establecimiento de objetivos concretos, en el desarrollo de su autoconfianza y en el reconocimiento de sus fortalezas y retos.
A iniciativa de Malena Tejeda Yeomans y de otras investigadoras como Griselda Quiroz Compeán, de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que forman parte de las 180 investigadoras SNII que han participado en las mentorías, se han establecido redes de discusión y análisis donde examinan las múltiples aristas de la problemática de las mujeres en la ciencia mexicana, se realizan análisis comparativos con otros países y se discuten propuestas institucionales que podrían implementarse a nivel nacional.
Ellas buscaron acercar esas propuestas a las autoridades de la Secihti y funcionarios de otras instituciones, para proponer una hoja de ruta que permita enfrentar la brechas de género en el SNII, particularmente en áreas STEM, así como la escasa incorporación del enfoque de género en la investigación, en los planes de estudio y las políticas institucionales de las Instituciones de Educación Superior y Centros de Investigación.

Con el apoyo de la Universidad Autónoma Metropolitana se llevó a cabo una reunión, en agosto de 2025, en la que se generó un documento titulado “El Papel de las Mujeres en la Ciencia y la Tecnología en México 2025: En busca de la igualdad de género”, en la que participaron científicas mexicanas y representantes de la UNESCO, la Fundación L’Oréal, la Academia Mexicana de Ciencias, la UAM, la UNAM, entre muchas otras instituciones, incluida la Secihti. (Leer en: https://www.secihti.mx/el-papel-de-las-mujeres-en-la-ciencia-y-la-tecnologia-en-mexico-2025/).
En dicho documento se realizó un diagnóstico de la perspectiva de género, la dimensión de género en la investigación y la dimensión de género en la docencia y comunicación, así como una serie de compromisos institucionales y nacionales. En ella se subrayaron las condiciones laborales inequitativas para la mujeres en la ciencia, la falta de datos desagregados por sexo/género, la baja presencia y visibilidad de mujeres en liderazgos factores como limitantes del avance hacia una igualdad efectiva.
Ahí, Violeta Vázquez-Rojas Maldonado, subsecretaria de Ciencia y Humanidades de la Seciti, presentó los datos recientes de las mujeres en el SNII, y durante su participación señaló que, si bien está de acuerdo en la necesidad de “políticas afirmativas” que impulsen la participación de las mujeres en la ciencia, señaló que se trata políticas “molestas” que no necesariamente serán bienvenidas, lo que implica “riesgos políticos que se deben correr” (puede ver la participación en https://www.youtube.com/watch?v=ZF2MsoUhhfo minuto 10:34).
“Necesitamos acciones no solo afirmativas en los procesos de contratación y en la toma de decisiones laborales, sino también políticas públicas afirmativas que faciliten el trabajo científico”, señala Malena Tejeda Yeomans, quien considera útil iniciativas que puedan implementarse, medirse, evaluarse y mejorarse.
La investigadora propone realizar acciones conjuntas, como por ejemplo, entre la Secretaría de Ciencia y la Secretaría de las Mujeres o el IMSS para establecer “centros de educación y cuidado infantil” en universidades públicas y centros de investigación, para las hijas e hijos de las mujeres científicas, lo cual facilitaría su trabajo.
Propiciar la equidad de género en los campos STEM no solo beneficia a las mujeres científicas individualmente y su movilidad económica, sino a toda la sociedad en su conjunto; de hecho, de acuerdo con un estudio de la UNESCO, la falta de mujeres en este campo supone una pérdida económica, ya que “duplicar la proporción de mujeres en la fuerza laboral tecnológica para 2027 podría impulsar el PIB mundial en 640,000 millones de dólares”.
Lo cierto es que México carece de políticas públicas de gran calado para impulsar la equidad de género en la ciencia. Así como se ha presentado el programa de diseño de semiconductores o del auto eléctrico debería articularse una gran política nacional hacia las mujeres científicas, la cual tendría un mayor impacto y en menor tiempo para el desarrollo sostenible del país.

