La pandemia de COVID-19 en México está subrepresentada y la estrategia de usar pocas pruebas impacta de manera desigual a la población, señala Mike Ryan, Director de Emergencias Sanitarias de la OMS. Aquellas personas pobres son hasta un 50% más vulnerables de morir por COVID-19 y, aunque la mortalidad en general en el país es alta, en las comunidades indígenas es mucho mayor.
Casi cinco meses, más de medio millón de personas infectadas y 60 mil fallecimientos después, la Secretaría de Salud “aceptó” la evidencia científica que sostiene que el uso de cubrebocas y mascarillas es una de las medidas más efectivas para prevenir la infección por el coronavirus SARS-CoV-2, y recomendó el uso de cubrebocas en el Informe Técnico Diario del 20 de agosto.
La funesta cifra oficial de fallecimientos por COVID-19 en parte se debe a la desastrosa respuesta del gobierno federal que ha ignorado los conocimientos epidemiológicos y las recomendaciones de la OMS; nunca implementó controles sanitarios; ha desestimado el uso de pruebas de diagnóstico para mitigar la dispersión del coronavirus e ignora la información científica sobre el uso del cubrebocas.
Un análisis de la historia evolutiva del nuevo coronavirus identifica al SARS-CoV-2 como descendiente directo del virus RaTG13, que ha estado circulando entre los murciélagos desde hace más de 70 años; el estudio señala al patógeno como el más probable origen filogenético de la pandemia y afirma que saltó directamente desde los pequeños mamíferos voladores al ser humano.
El medicamento ruso avifavir –un genérico del japonés favipiravir usado contra la influeza– no ha sido avalado para combatir la COVID-19 por la Organización Mundial de la Salud ni por científicos, sin embargo, la empresa paraestatal rusa RDIF la está ofreciendo a los países de America Latina como “uno de los dos medicamentos COVID-19 registrados en el mundo”.
Se han llevado a cabo investigaciones para analizar el efecto de las cloroquinas y sus derivados con resultados contradictorios, pero desde que Donald Trump, sin bases científicas, admitió que se automedica hidroxicloroquina y ha promovido su autoconsumo como una “cura milagrosa” contra COVID-19, estos compuestos, que se usan contra el paludismo, se encuentran en la palestra médica internacional.