Milenios de talento humano han sido desperdiciados por el machismo y el patriarcado. Desde que existen los registros históricos, y seguramente desde antes, la mitad femenina de la humanidad ha sido discriminada, abusada, vejada, odiada, asesinada. Como es sabido, esta situación se refleja claramente en la ciencia y la tecnología, que arrastran rezagos milenarios en equidad de género.
Durante el proceso de transición entre el gobierno de Peña Nieto y el de López Obrador, las autoridades salientes del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), encabezadas por Enrique Cabrero Mendoza, tuvieron un comportamiento poco institucional: sistemáticamente negaron información sobre los programas, fideicomisos y contratos a las actuales autoridades del Consejo.
Sexenio tras sexenio, la ciencia y la tecnología han estado sujetas a recortes y a los vaivenes presupuestales y desde hace décadas, los procedimientos administrativos del Conacyt han sido sumamente lentos y no han sido del todo transparentes. Siempre hay retraso en la publicación de las convocatorias o en la entrega de los recursos económicos para los proyectos de investigación.