El deshielo de los polos por el cambio climático podría liberar microorganismos ancestrales que han permanecido congelados; algunos de ellos podrían ser patógenos que representan riesgos de invasiones biológicas para las comunidades ecológicas actuales, e incluso podrían ser una amenaza a la propia humanidad con posibles epidemias y pandemias.
Cada año se producen más de 6 millones y medio de toneladas de microplásticos generados por el desgaste de llantas y de pastillas de frenos de todos los vehículos automotores del planeta; las que miden entre 2.5 y 10 micras (milésimas de milímetro) se transportan por el aire y la atmósfera y se depositan en los océanos y lugares remotos de hielo y nieve como el Ártico.