En clara violación a los derechos humanos y leyes humanitarias internacionales, el ejército ruso ha atacado 64 hospitales ucranianos –entre 2 y 3 diarios–, afectando a 18 millones de personas. La destrucción de la infraestructura sanitaria implica el riesgo de brotes de enfermedades infecciosas como COVID-19, sarampión, poliomielitis, tuberculosis, VIH y enfermedades gastrointestinales.