Entre los efectos neurológicos de largo plazo por COVID-19 se encuentra una reducción general del tamaño del cerebro que se refleja en déficits cognitivos, trastornos psiquiátricos primarios, y otras afectaciones como, anosmia (pérdida del olfato), ageusia (pérdida del gusto), delirio, ansiedad, depresión, psicosis, convulsiones e incluso conductas suicidas.