En la Conferencia sobre el Cambio Climático (COP30) celebrada en Belém, Brasil, se eliminaron nuevamente las palabras “combustibles fósiles” en el acuerdo final, lo que significó un grave retroceso. Nuevamente se privilegiaron los intereses de unas cuantas empresas y países, por encima de la salud climática del mundo, cuyos daños afectan a 8 mil millones de personas.
El debate central de esta cumbre era el financiamiento y la conformación de un fondo internacional que requería recursos por un billón 200 mil millones de dólares, aportados principalmente por los países ricos, principales responsables de emitir gases de efecto invernadero causantes del cambio climático, pero solo se consiguió una cuarta parte de ese dinero.