Desde hace siglos el ser humano ha soñado con la posibilidad de regenerar sus miembros amputados u órganos dañados como lo hace el axolote. El anfibio de origen mexicano además de regenerar sus extremidades, puede reconstruir su médula espinal lesionada, las células de su retina o la mitad de su cerebro. Su secreto está en su genoma 10 veces más grande que el del ser humano con 32 mil millones de pares de bases y 23 mil genes.